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De Valladolid y Provincia. Pinturas de Pascual Aranda

De Valladolid y Provincia. Pinturas de Pascual Aranda

INVITACIÓN A MIRAR:

EL VALLADOLID DE PASCUAL ARANDA
Conocí a nuestro pintor hace ya muchos años, cuando éramos muy niños y estudiábamos en las aulas de La Salle. Ya por entonces le gustaba mucho dibujar y lo hacía muy bien, nadie le disputaba la matrícula de honor en esa asignatura. Ya desde entonces apuntaba maneras de artista.
Años después he seguido con interés su ya larga trayectoria artística y en los últimos tiempos nos vemos con frecuencia, evocando los ya lejanos y entrañables recuerdos de estudiantes en nuestro querido colegio.
Hace unos días, una fría mañana de un otoño invernal visité su grato estudio y sala de arte en el bajo del número 23 de la calle Dos de Mayo, en una casa de hermosa fachada del Valladolid de siempre. Allí pude examinar los cuadros que había preparado para su próxima exposición, ésta que ahora contemplamos en la sala de la Diputación del Teatro Zorrilla. Siempre es toda una experiencia visitar el estudio de un pintor, pero en el caso de la sala de arte de Pascual Aranda, fue todo un placer y un deleite poder contemplar y disfrutar de los últimos óleos, acuarelas y dibujos de este esforzado y entusiasta artista.
Los cuadros tienen todos ellos una temática común: la ciudad y su provincia. Valladolid es el motivo fundamental de toda su obra. Y ello no es de extrañar, ya que nuestro pintor ha sabido reflejar como pocos la esencia y el alma del paisaje de nuestra ciudad y nuestra tierra. Pocos artistas han captado sus rincones y escenarios con tanto acierto y sensibilidad.
Valladolid, su viejo trazado urbano, pese a los desmanes cometidos contra su patrimonio arquitectónico y monumental, es aún una ciudad bella, elegante, que todavía conserva ese ambiente sereno y apacible de otros tiempos; es una población histórica que, lejos del bullicio y el ajetreo de las grandes ciudades y a pesar del inevitable ruido y las molestias del tráfico, aún invita al paseo, a descubrir y recrearse en la contemplación de sus calles, plazas y jardines.
En los óleos y acuarelas de Pascual Aranda está reflejada la esencia de Valladolid, una ciudad que no es nunca austera, triste ni sombría, sino luminosa y del más grato colorido. Son los suyos unos paisajes urbanos sencillos, en los que huye del artificio, una pintura sin retórica, en la que capta la serena poesía de los rincones de nuestra ciudad.
El pintor sabe elegir muy bien los escenarios de Valladolid y sus pueblos. No recurre a los ya tradicionales y manidos puntos de vista, propios de tarjeta postal, sino que acierta a descubrir ángulos y encuadres casi inéditos, siempre evocadores y de indudable belleza.
Si bien ha sido siempre un buen dibujante, lo que se comprueba en sus cuadernos con cientos de dibujos, tomados siempre del natural, entre los que destacan los apuntes de desnudos realizados ante el modelo vivo, Pascual Aranda se siente ante todo un pintor amante de la luz y el color, que son en todo momento los protagonistas absolutos de su obra. La vibración y los destellos de luz hacen que sus lienzos brillen rutilantes a través siempre de una paleta de muy rica amplitud cromática. Llama la atención la variedad del color de sus cuadros, que enlazan y evocan con la tradición de nuestros grandes paisajistas vallisoletanos post-impresionistas (García Lesmes, Castro Cires, Manuel Mucientes o Maffei). Son los suyos unos colores que van desde las gamas cálidas hasta los más intensos rojos o amarillos cegadores, pasando por unos sugestivos tonos violetas y anaranjados.
Y al lado de esa riqueza y luminosidad del color, su obra llama la atención asimismo por su libertad y soltura de pincelada. Es la suya una pintura empastada, en la que emplea una materia densa e incluso pastosa, una factura que añade en ocasiones una nota de espontaneidad casi expresionista.
Todo ello se puede comprobar ahora en esta exposición en la que el artista nos presenta los últimos frutos de su pintura dedicada una vez más a Valladolid y su provincia. De nuevo el paisaje en su más genuina expresión: urbano y rural.
Esta nueva muestra constituye sin duda una gozosa invitación a mirar la ciudad y sus villas con un enfoque totalmente alejado de viejos tópicos, aquellos heredados de la visión de una Castilla sombría y casi dramática. El Valladolid que se nos ofrece es muy otro, muy diferente, es un Valladolid luminoso, vital, lleno de claridad y riqueza cromática.
Disfrutemos, pues, una vez más, de la serenidad y belleza de una pintura siempre grata y auténtica como la de Pascual Aranda.

JOSÉ CARLOS BRASAS EGIDO
Catedrático de Historia del Arte de la Universidad
de Salamanca y académico de Bellas Artes