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Félix Cuadrado Lomas. Pinturas.

Félix Cuadrado Lomas. Pinturas

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Pocas figuras hay entre nosotros que, como Félix Cuadrado Lomas, hayan llegado a ser un referente indiscutible de la historia reciente de nuestra provincia, y pocas obras hay que, como la suya, sean más singulares y posean una personalidad más definida. Hay que destacar primero su actitud como pintor, pues tal ha sido su vocación desde siempre. Pintor que pinta del natural, saliendo al campo para pintar directamente, como hacían los pintores impresionistas, lo que le ofrece el paisaje: las suaves lomas, las tierras, los linderones, los palomares, las mulas, las viñas…, aprovechando la geometría que la intervención humana ha ido dejando en el terreno, en busca de una estilización personal a la que añade a veces la mirada inocente de un niño.
Esa atracción por la tierra y el campo ha sido quizás el motor de su pintura, y también de su vida. Su afincamiento en Simancas, apartándose de la ciudad y generando una corriente seguida por numerosos pintores, es testimonio elocuente de ello y punto de arranque de una escuela pictórica, el «Grupo de Simancas», que ha constituido uno de los fenómenos culturales más singulares de nuestra historia cultural reciente.
Félix Cuadrado Lomas es un pintor único, no adscribible a ninguna corriente artística conocida, aunque es conocedor y participa de casi todos los «ismos» que ha generado la pintura del siglo xx. Pero él es el forjador de su propio estilo, reconocible por cualquier aficionado a poco que haya conocido su obra. En esto su pintura y su personalidad son casi la misma cosa. Se ha asomado a veces al expresionismo, con esas piezas de carnicería u osamentas de caballos muertos, del que hay una muestra en la exposición. Su geometrización del paisaje a muchos recuerda el cubismo. Cultiva desde sus comienzos todos los géneros de la pintura: el paisaje, por supuesto, en el que consigue sus estilizaciones más significativas. También al retrato, como el de su tía Leocricia, o el de su mujer Pilar, presentes en la exposición que, sin dejar de reflejar a los retratados, traslucen una profunda ternura. El bodegón, de gran tradición en la pintura española, en el que consigue una esencialización casi «minimal». O su peculiar visión de las actitudes y posturas de los toreros en la plaza. Y, desde luego, el dibujo y la obra gráfica, cultivada con singular personalidad.
En esta exposición, realizada en homenaje a su mujer, Pilar Benavente, podemos ver pinturas, algún grabado, y algún dibujo, que pertenecen a un arco temporal muy dilatado, desde los años cincuenta hasta la actualidad. Están lo antiguo y lo nuevo, y permiten apreciar los temas frecuentados por el pintor a lo largo del tiempo, la evolución de su técnica pictórica y también sus constantes. Las pinturas que se exponen son de procedencias distintas: tres de ellas pertenecen al fondo artístico de la Diputación de Valladolid, cuatro a coleccionistas privados, a quienes desde aquí agradecemos su generosa colaboración, y el resto a la propia colección del autor.
 

Conrado Íscar Ordóñez
Presidente de la Diputación de Valladolid