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SATURNINO FERNÁNDEZ BOCOS · Esculturas

SATURNINO FERNÁNDEZ BOCOS · Esculturas

                                                       del 11 de abril al 19 de mayo

LA RECTA Y LA CURVA


Simplificando hasta el extremo, podríamos dividir la historia del arte en dos grandes escuelas: aquella en la que predomina la recta (la línea, el cuadrado, el rectángulo), y aquella en la que predomina la curva (el círculo, la espiral, la hélice). La primera tendría que ver con la parte racional del hombre (la recta y sus derivados son productos exclusivos de la mente). La segunda estaría relacionada con la parte sensitiva, emocional, del ser humano, y estaría conectada íntimamente con la naturaleza.
Es a esta segunda escuela a la que adhiere la obra escultórica de Saturnino Fernández (Nino). En ella vemos recreadas todas las formas que se dan en el mundo vegetal: lo ondulante, lo que gira sobre sí mismo, lo que se abre y se despliega y reduplica, como si de una figura fractal se tratase.
La obra de Nino nos remite también a los escultores barrocos, tan presentes en el Museo Nacional de Escultura: Alonso Berruguete, Juan de Juni, Gregorio Fernández. En estos, lo que predomina es la curva, aunque en su caso aplicada de forma exclusiva al cuerpo (en una búsqueda constante de la torsión, del retorcimiento, del expresionismo de la figura humana), mientras que en la obra de Nino todo nos traslada a las formas de la naturaleza: flores, árboles, aire. Y empleo la palabra aire con la plena convicción de que su obra, aunque engarzada en la raíz de lo material, aspira a disolverse en el aire.
Sus esculturas tienen asimismo algo de tótem, de símbolos abstractos, de emblemas. La simplificación de las formas junto a la atracción por la verticalidad –otro de los rasgos de sus obras– nos recuerdan a las esculturas de los pueblos primitivos. En definitiva, la obra de Nino nos evoca un mundo primigenio, natural y sagrado a la vez.
José Luis Cancho