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Exposición: Y el verso se hizo carne

Exposición: Y el verso se hizo carne

Exposición: Y el verso se hizo carnePrimero fue la imagen fotográfica que se dejó capturar para un lienzo virtual, después llegó la palabra que garabateó impresiones sobre dicho lienzo imaginado, traspasando el concepto con letras de cristal líquido. Representaciones de lo real, aisladas en fondos albinos o negros, se fundieron en un abrazo con caracteres escarlatas, atezados, níveos... y el alma del artista exhaló sobre ellos un soplo de vida, ése fue el detonante que hizo latir el cuadro y germinar la poesía dedicada al tiempo, al viento, a la noche, al amor, al desamor, al recuerdo del pasado, a la madre, al árbol, al sexo. El resultado fue el alumbramiento de metáforas editadas a golpe de capa, ficciones cabalgando sobre píxeles, o dicho de otra manera, unas imágenes tan caprichosas como irreales -tuercas y engranajes para un torso desnudo, cabelleras construidas con las ramas de un árbol combado por el viento...-, pero a la vez tan cotidianas como el simple hecho de asistir al llanto de una naranja, asomarse a una ventana para ver pasar el mundo o enredarse ambas piernas para un baile.

El resto lo pusieron ellos, los voyeurs que asomaron a las composiciones de fotopoemas y se mostraron emocionados, provocados o confusos, rara vez indiferentes; por eso estamos aquí, porque de algún modo... el verso se hizo carne.

Ana María Rodríguez

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