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La Pandereta Pintada

La Pandereta Pintada

La pandereta pintada es una exposición que surgió tras una colaboración de Le Bogg. Bustelo. Ostern y González Gallego con Joaquín Diez. que consistió en pintar sobre tres panderetas y un pandero cuadrado. Estas se mostraron junto a varias piezas de su colección de instrumentos membranófonos pintados en siglos pasados y parte de los fondos bibliográficos publicados por la Fundación Joaquín Díaz. Esa colaboración se transformó en un proyecto que dio cabida a más artistas. Le Bogg se encargó de la organización y comisariado de la muestra, invitándoles y trasladándoles la idea. El resultado es un conjunto de panderetas y panderos intervenidos con diversas técnicas. una video proyección y una caja retro iluminada, formando una instalación plural que recoge desde un punto de vista contemporáneo el ritmo de cada objeto.

PANDERETAS PINTADAS

La costumbre de pintar panderos y panderetas parece muy antiguo y obedece, sobre todo, a la tendencia, innata en el ser humano, de decorar y embellecer los objetos que fabrica y usa. La piel tensada sobre el bastidor servía de este modo de lienzo para que un artista, normalmente distinto del constructor de la pieza, estampara un motivo decorativo según su gusto e Intención. La tradición se conoce en España desde hace siglos y habitualmente se acampanaba, en el caso de los panderos cuadrados, de un encintado del bastidor para odornarlo. El dibujante François Deserps reproduce en su obra "Recueil de la diversité des habits ..." una Joven tocando la pandereta pintada que titula 'La tondue d-Espaigne' . Don Ramón de la Cruz escribió un sainete lIamado "Los panderos" donde se reproduce una escena en el barrio del Avapiés en la que unos vecinos están pintando y poniendo cintos a unos panderos, lo cual parece indicar la popularidad que había adquirido el oficio. Durante todo el siglo XIX la pintura de panderetas reviste una importancia singular ya que con la subasta de los mismos se obtenían recursos para atender a las necesidades de los soldados que se hallaban luchando en Africa o en Cuba.

Precisamente en 1892 y durante las fiestas de Carnaval surgió una iniciativa del Círculo de Bellas Artes de Madrid para adquirir mil panderetas y entregarlos a diferentes artistas plásticos de Madrid para que las pintasen. El resultado fue tan espectacular que se vendieron casi todas y con el montante de lo obtenido y la organización de un baile se contribuyó a sufragar los gastos del propio Circulo (salones, cátedras, modelos, etc .) de modo que la iniciativa duró unos años y llenó de panderetas toda España.

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